Autor: Vicente Rallo Guinot, Director académico del Máster en Infraestructuras Ferroviarias, Structuralia, España
En un encuentro organizado recientemente por la Confederación Andina de Fomento (CAF) en Madrid, España, se presentó el libro Ideal 2011 impulsado por la CAF y la SEGIN cuyas conclusiones eran claras: América Latina tiene que invertir de forma importante y rápida en infraestructuras para poder mantener el crecimiento de sus economías así como mejorar su competitividad.
Dentro del mix de infraestructuras, puertos, aeropuertos, carreteras y ferrocarril, es este último sector el que más debe desarrollarse para que el crecimiento sea, además, sostenible y competitivo. Actualmente hay, según la misma CAF, 29.817 kilómetros de líneas ferroviarias en Brasil, 26.704 en México y 25.023 en Argentina. Unas cifras que parecen altas, pero que en la práctica, son muy poco utilizadas al estar muchas líneas mal conservadas, saturadas o directamente prácticamente abandonadas.
En el resto del continente las cifras son menores, en Chile solo hay 5.300 kilómetros de líneas de ferrocarril, en Perú apenas 2.000 y en Colombia algo más de 1.672. En los países desarrollados, EEUU, Japón, China y Europa las cifras son muchísimo más altas. Solo el 5% de las mercancías transportadas en Latinoamérica se mueven en ferrocarril, y quizá algo más en México y Brasil.
Y es que las economías exportadoras de la región, sobre todo en los países productores de commoditys agrarias y mineras de Sudamérica, el desarrollo del transporte ferroviario garantiza el crecimiento y la competitividad. Recientemente se publicó que la saturación de los ferrocarriles entre el interior del país y el puerto de Santos, en Sao Paulo, estaba provocando un alza del coste de transporte de la soja, el etanol y otros productos agrícolas brasileños, que con ello han perdido margen y competitividad frente a los productos norteamericanos, que se benefician de la alta inversión en la mejora de las capacidades ferroviarias de su país.
Demanda creciente de profesionales
En el mundo existen 1.600 mil kilómetros de líneas de ferrocarril, es decir, 40 veces la circunferencia de la tierra, según el informe de la asociación europea de la industria del ferrocarril (UNIFE) y el Boston Consulting Group. El transporte ferroviario genera un mercado promedio anual de 136.000 de millones de euros en todo el mundo, de los que 27.000 millones de euros corresponden a las nuevas infraestructuras, y 53 mil al servicio de su mantenimiento y control de la explotación de las redes.
Una actividad que continúa creciendo, a pesar de la ralentización económica mundial. Turquía y Rusia están desarrollando sus nuevas redes de alta velocidad, al igual que China, mientras que Arabia Saudí está a punto de comenzar la línea entre Medina y la Meca, y Brasil tiene en fase de contratación el tramo Sao Paulo-Río de Janeiro. Además de la alta velocidad, la inversión en Europa y Asia también crece en ferrocarriles de carga (+5% anual a nivel global), metros ligeros y tranvías (+20%) o metros (+20%) con nuevas líneas en todos los países emergentes.
También en América Latina la red ferroviaria crece de forma importante, aunque quizás a un ritmo menor de lo deseado para impulsar la economía, lo que está generando nuevas oportunidad de empleo, ascenso y desarrollo de carreras para profesionales del sector de la ingeniería y la gestion, lo que ha impulsado a Structuralia a lanzar el nuevo Master en proyecto, construcción y mantenimiento de Infraestructuras e Instalaciones de líneas ferroviarias, de 500 horas lectivas e impartido totalmente online, y que cuenta con certificación de la Universidad Politécnica de Cataluña.
La capacitación de expertos en el sector ferroviario en América Latina, técnicos y gestores, es una oportunidad que los profesionales de la región tienen delante suyo para, al calor de las nuevas inversiones, conseguir empleos de mayor calidad y nivel y acceder a un nuevo sector empresarial autóctono que pueda desarrollar este tipo de proyectos que, en muchos casos, actualmente son contratados en el exterior. Y también, serán una garantía clave para que estas infraestructuras ferroviarias sean planificadas, mantenidas y explotadas con criterios comerciales y eficiencia, y que, con ello, generen el mayor valor posible a sus economías. La oportunidad está ahí.
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