- Jue, 09/02/2012
Autor: Jorge Isaac Álvarez Rateike, Departamento de Investigación Fundesem Business School
En la actualidad, el mundo en general está pasando momentos difíciles. Los recortes presupuestarios que la mayoría de los países están aplicando en diversas áreas han creado un clima de incertidumbre que ha repercutido en todos los rincones del mundo. Dichos recortes han afectado incluso a las partidas presupuestarias dedicadas a la educación y las iniciativas de I+D+i con las consecuentes repercusiones a medio y largo plazo que esto conlleva. Es difícil pensar que en momentos de incertidumbre y de coyuntura económica (derivadas en gran medida de modelos económicos fallidos y basados en sectores económicos con poco valor agregado), este tipo de recortes se presenten, sobre todo pensando que es en estos momentos cuando se deben replantear este tipo de situaciones y verlas como oportunidades de mejora y de crecimiento.
La respuesta sin embargo ha ido de la mano de los recortes y la casi nula iniciativa de crear soluciones para los importantes problemas educativos que viven la inmensa mayoría de los países a nivel mundial. Un ejemplo de esta problemática es la baja evaluación que muchos de los países obtuvieron en la prueba PISA (Programa Internacional de Alumnos de la OCDE), evaluación que pretende puntuar los logros académicos alcanzados por los alumnos y su aplicación en la sociedad del saber (OCDE, 2011). En esta evaluación, tanto países desarrollados como potencias emergentes obtuvieron evaluaciones muy altas (véase Finlandia, Canadá y Japón), así como muy bajas (véase España, Italia, México, Turquía, etc.). Estos últimos casos denotan la baja calidad de sus sistemas educativos y la necesidad de una reforma para subsanar sus deficiencias.
Sin embargo, el panorama a corto plazo no es muy prometedor; las esperadas reformas a los sistemas educativos de los países con deficiencias aún no han llegado y en algunos casos no se han planteado, lo que deja ver el escaso interés por mejorar. Dicha situación es crítica si hablamos de países que a medio plazo liderarán el mundo en materia económica y sus proyecciones dependen en gran medida de que este tipo de reformas les garanticen la sostenibilidad a largo plazo.
Es importante dejar claro que modelos de desarrollo basados en sectores de la economía con bajo o escaso valor agregado a largo plazo no son sustentables. Un ejemplo de esto son los colapsos económicos que muchos grandes países han tenido en esta crisis económica. En contraste, los países que han apostado por la investigación y el desarrollo así como por la creación de sociedades del conocimiento son los que han logrado tener sostenibilidad incluso en momentos de coyuntura económica. Éste debe ser el modelo a seguir por aquellos estados que realmente quieren apostar por un liderazgo económico a largo plazo. La inversión en educación, así como en I+D+i debe ser visto como una inversión a largo plazo y no como un gasto que puede ser recortado en momentos de crisis. Los grandes beneficios inherentes en la creación de una sociedad basada en la generación de conocimiento son tangibles y están plasmados en ejemplos como Alemania, Japón, Canadá, los países escandinavos, etc., que han apostado por invertir en este rubro y han recogido grandes beneficios.
La clave está entonces en el establecimiento y/o implementación de modelos educativos proactivos que desarrollen las habilidades del individuo y le enseñe a reaccionar en las diversas situaciones que se pueden llegar a presentar a lo largo de la vida. Un modelo educativo que sea sustentable a largo plazo y que conlleve una retribución positiva a la sociedad en la que se establece; que retribución y/o beneficios que se vean reflejados no solo en materia económica, sino también el ámbito social.
Bibliografía.
OCDE (2011). Programme for International Student Assessment
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